4 jun 2015

¿Que limites aprobó EE.UU. al espionaje?

Por:  SERGIO GÓMEZ MASERI 

Los poderes casi absolutos con los que contaban las autoridades federales en Estados Unidos para espiar las comunicaciones de millones de personas en el país fueron puestos en cintura esta semana tras la aprobación de una ley, catalogada de histórica por algunos, que establece nuevos límites y restricciones en aras de proteger las libertades civiles.

La ley, que ya fue firmada por el presidente Barack Obama, venía siendo trabajada desde el 2013 cuando el mundo se enteró de que la Agencia para la Seguridad Nacional (NSA) venía recolectando en masa todos los metadatos (hora, duración, y número al que se marcó) de las comunicaciones telefónicas realizadas por ciudadanos del común.


Un poder que habían obtenido en el 2011 tras el pánico que siguió a los atentados terroristas contra Washington y Nueva York, y con el que abrieron la puerta para aprobar agresivas políticas en aras de defender la seguridad nacional.

Esas políticas estaban contenidas en otra polémica ley conocida como el Acto Patriota de 2011, cuyas autorizaciones expiraron el domingo pasado.

La nueva ley, bautizada Acto para la Libertad, renueva la mayoría de las medidas que ya estaban contenidas en el Acto Patriota, pero con dos cambios fundamentales que afectan directamente los programas de espionaje de la NSA.

En primer lugar, el control de los metadatos pasará nuevamente a las compañías telefónicas, y las agencias federales solo podrán acceder a estos luego de pedir la autorización de un tribunal especial, que tendrá la última palabra.

Así mismo, solo podrán solicitar los récord de casos específicos, en los cuales exista indicio de un vínculo con terrorismo, y no en masa como sucedía hasta ahora. Para poder revisar el contenido de estas comunicaciones (no solo datos), el Gobierno tendrá que pedir autorización a la Corte.

El otro aspecto relevante tiene que ver con el acceso del público a las decisiones de esa Corte, que operaba en secreto y sin ningún control. La ley establece que los documentos generados por la Corte serán sujetos de divulgación pública y se permitirá que organismos externos al Gobierno presenten sus opiniones ante la Corte cuando se esté por decidir algún caso de acceso de información privada de particulares.

Dicho eso, hay que aclarar que la nueva ley dejará intacto el poder del Gobierno de espiar, siempre que pueda justificarlo.

La renovación del Acto Patriota y las modificaciones aprobadas habían generado una intensa disputa, la cual provocó alianzas entre sectores que normalmente son opuestos.

Un sector republicano, encabezado por el senador Rand Paul, unió fuerzas con un sector de la izquierda demócrata que pretendía la anulación total del Acto Patriota por considerarlo demasiado invasivo incluso con las modificaciones propuestas. Otro grupo de republicanos, que abogaban por preservar la ley, advirtió que con los cambios se allanaba el camino para futuros atentados terrorista. Terminó imponiéndose un grupo de demócratas y republicanos de centro que trató de balancear el derecho a la privacidad con la seguridad nacional.

“La seguridad nacional y la privacidad no son mutuamente excluyentes. Ambas cosas se pueden lograr a través del uso responsable de la recolección de inteligencia y el respeto de las libertades de ciudadanos de bien”, dijo el republicano James Lankford, que votó con el grupo ganador.

Organizaciones no gubernamentales de defensa de las libertades civiles y las compañías de telecomunicaciones que venían empujando el cambio dieron la bienvenida a la nueva ley, aunque con objeciones.


Según Bill Binney, exfuncionario de la NSA y crítico de los programas de espionaje, “si bien se trata de un paso en la dirección correcta, la agencia aún tendría autorización para interceptar llamadas a través de fibras de comunicación que surten a las compañías de telecomunicaciones”.

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